De vuelta a la tierra

He estado en el nirvana y también en las fosas marianas. 
He recorrido beso a beso tu cuerpo perfecto,
abrazado todos y cada uno de los poros de tu piel.
Me he convertido en ese beso y en ese abrazo,
me he hecho vulnerable.
He aprendido a amar de un modo tan intenso como poco habitual.
He dejado mi ego a un lado y me he convertido en amor.
Te he entregado la parte más irracional de mí.
Esa que nadie ni nada conoce. Esa que carece de explicación.
Nos miramos a los ojos y vimos nuestro interior.
Nos quedamos desnudos,
ante un cielo que esperaba ansioso el siguiente paso.
Ese paso que acabó destruyendo nuestro espacio.
Nuestra conexión.
Ese pequeño instante en que dejamos de ser uno,
para convertirnos en dos.
En el que dejamos que lo racional nos alejara del cielo y del mar.
Dejamos de volar y nos olvidamos del nirvana.
Nunca más volví a entrar en las profundidades de tus mares.
Corrompimos un círculo lleno de armonía,
que giraba en plena sintonía,
y creamos un cuadrado inmóvil que paralizó nuestras vidas.
Cuatro vértices opuestos que plasmaban nuestra desconexión.
Vislumbramos la oscuridad y nos dejamos inundar por ella.
Nos alejamos tanto de la luz que nos perdimos en respeto.
El ego volvió a su origen y salimos a la superficie de nuevo.
Una vez más en esas capas tan duras,
que tantas almas han pisado y que tan pocos han sentido.
Nos convertimos en esas almas,
y nos olvidamos,
de que alguna vez penetramos en esa fina capa tintada,
azul oscura,
que nos permitió escalar hasta el nirvana y escapar del tiempo.
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